Isaac Hernández: cuerpo, tiempo, escenario

Isaac Hernández: cuerpo, tiempo, escenario

Isaac Hernández: cuerpo, tiempo, escenario

fotografías SOUL ARTS PRODUCTIONS por DAVID SUÁREZ
estilismo MATTHIS LOUTREUIL
entrevista ALEXIS TAME

Isaac Hernández ha bailado en los escenarios más importantes del mundo y aún siente vértigo antes de salir. Una conversación sobre cuerpo, memoria y la fe ciega que exige el arte. Dos décadas después de su primer salto, el bailarín tapatío sigue eligiendo el precio de debutar, una y otra vez, ante el público y su país que lo vio nacer como artista.

L’BEAUTÉ HOMME: Llevas más de dos décadas en los escenarios más importantes del mundo y este año vuelves a debutar. Después de tanto camino y tanto recorrido, ¿qué sientes al descubrir que todavía hay primeras veces esperándote?

ISAAC HERNÁNDEZ: Es bonito tener todavía ganas de pagar el precio por debutar, de cierta manera, porque muchas veces es un gran sacrificio poder pararte en un gran escenario a interpretar un gran reto artístico y técnico, después de haber vivido tanto. Muchas veces la mente te trata de traicionar y te dice: “bueno, enfócate mejor en lo que ya conoces, en lo que ya has hecho antes, disfruta un poquito más; no es necesario estar en el salón de ballet seis horas al día para pasar por esto.” Y a mí me gusta sentirme capaz, pero también emocionado por el reto todavía. Y eso no sería posible si no tuviera cosas que todavía quiero bailar, si no tuviera esa pasión y ese gusto por bailar que me ha llevado hasta aquí.

Detrás de tanta disciplina y tanta exigencia también hay momentos de cansancio, de duda y de querer parar un poco, frenar. ¿Cómo cuidas esa parte de ti que nadie ve desde la butaca?

Yo creo que es normal, es parte de nuestra naturaleza cuestionarnos, sentirnos cansados, desgastados, agotados. Es una profesión que tiene muchos altibajos. Dependemos de nuestro físico y de cierto control sobre él que es imposible de dominar por completo: todos los días entras al salón de ballet con un cuerpo totalmente diferente. Entonces es algo que puede ser muy frustrante, pero al final yo lo veo como un privilegio poder dedicar la mayor parte de mi vida a conocerme, a superar estos retos físicos y mentales. También trato de recordarme constantemente, o más bien de preguntarme, por qué lo hago y qué es lo que recibo de esto, y si es algo que percibo como importante para mi vida. Afortunadamente, hasta ahora lo es, y lo disfruto.

Esos retos que requieren de tanta disciplina son, para mí en este momento, como mi gasolina; es lo que hace que me aferre tanto a ese rigor. Recientemente escuché una frase (obviamente yo todavía no estoy en ese punto de mi carrera) que dice que cuando te empiezas a permitir bajar tus estándares, dejar de hacer pasos difíciles, dejar de entrenar, es el principio del final. Entonces me aferro a esa mentalidad para seguir adelante.

Debutaste en el Auditorio Nacional a los 14 años; han pasado más de 20 y sigues volviendo al mismo escenario. ¿Qué es lo que ese lugar te sigue regalando, edición tras edición?

Es un lugar como ningún otro en el mundo, y el evento de Despertares es algo que no existe en ninguna otra parte del mundo. Son muchos sentimientos, porque van más allá de mí como intérprete, como bailarín, como profesional: lo que significa estar en ese escenario, llenar ese auditorio, la relación que he llegado a tener con mi público, la oportunidad de llevar ya 20 años interactuando con el público mexicano… es algo que aprecio muchísimo del auditorio. Pero a eso le agregas que, también gracias a este gran escenario, he podido construir un proyecto como Despertares, que solo se vive una vez y que solo sucede en México. Veo a todos estos grandes artistas con los que hemos trabajado, y poder compartir esa experiencia de bailar ante un público tan entregado, en un escenario tan imponente, es algo que no tiene precio, en mi punto de vista, y que me motiva por el resto del año hasta que vuelvo a estar en ese escenario.

Con dos ediciones, Despertares impulsa y forma también a nuevas generaciones. ¿Qué se siente ver a un joven bailarín subir a ese escenario sabiendo que quizá está viviendo su propio primer despertar?

Es algo que me da más satisfacción de lo que pensaba, porque muchas veces no puedes imaginar cómo un sueño tuyo puede afectar la vida de otra persona, de manera directa o indirecta: ya sea que un niño fue a Despertares hace 12 años y ahora se está graduando de una escuela importante, o que vio un show de Despertares y decidió que eso es lo que quiere hacer con su vida, o que posiblemente tengamos en el público al próximo secretario de Cultura, que diga “yo quiero ayudar a las artes.” Es muy difícil para mí imaginar todo el impacto que un proyecto así, o una carrera como la que he hecho, puede llegar a tener.

Lo veo con mucho optimismo y lo veo como un regalo. Cuando lo puedo ver en la vida de alguien, o me comparten una carta, o lo veo cuando le doy clase a estos chicos, lo considero un regalo que pocas personas pueden llegar a vivir, porque muchas veces en mi carrera los resultados toman tanto tiempo en llegar que te encuentras ya en el retiro cuando ya tienes una relación diferente con tu profesión. A mí, afortunadamente, me ha llegado en un buen momento; lo he tenido presente durante la mayoría de mi carrera, y eso me hace sentir agradecido.

Bailar al nivel que tú lo haces también implica exponerse noche tras noche frente a miles de personas. ¿Existe todavía algo que te dé miedo antes de salir a escena, o ese nervio se transformó en otra cosa con los años?

Depende del momento, porque muchas veces mi vida está tan dividida y es tan compleja que lo que me da miedo es llegar a un compromiso sin estar preparado para ello, sin estar preparado para estar en el escenario. Eso es lo que me da miedo, porque no es solo la expectativa del público y el compromiso de hacer un trabajo de la mejor manera posible, sino también un compromiso conmigo mismo de bailar de acuerdo a mis posibilidades. Eso me da un poquito de miedo.

Pero, curiosamente, los nervios de antes de salir a bailar o de debutar son algo distinto ahora, porque percibo hasta el paso del tiempo de una manera diferente. Muchas veces estos nervios, estos debuts, te hacen percibir el tiempo muy rápido, asimilas las situaciones de manera muy distinta. Y ahora tengo la fortuna de poder observar, de sentirme con tranquilidad, con calma mental, para asimilar cada momento, para tomar decisiones artísticas, para sentirme muy presente en el momento. Y eso hace toda la diferencia.

Has estado también en el English National Ballet, en el San Francisco Ballet, y ahora eres principal en el American Ballet Theatre. Cada compañía te pidió una versión distinta de ti. ¿Cuál de esos capítulos te enseñó algo que todavía llevas contigo?

Es interesante, porque cada compañía para la que he trabajado fue una etapa importante en mi vida. Empecé en el San Francisco Ballet; curiosamente, empecé en la segunda compañía del American Ballet, y ahí fue cuando vi por primera vez lo que quería para mi carrera. Vi a los mejores bailarines del mundo liderar esa compañía, interpretar papeles clásicos; iba a ver las funciones en el Met, y ahí entendí: quiero que mi carrera sea algo así. Empecé a soñar con ese tipo de carrera.

Después me fui al San Francisco Ballet. Después pasé al International Ballet Academy y me convertí en un bailarín profesional, donde aprendí lo que era ensayar ocho horas seguidas y a duras penas llegar de regreso a casa había veces que me tenía que sentar porque ya no podía ni caminar. Ahí aprendí a aprender ballet rapidísimo, a retener información y conexiones. Me hicieron un bailarín muy versátil en esos cuatro años, y después, en Amsterdam es donde me convierto en bailarín principal y empiezo a debutar roles todos los días.

Curiosamente, después de 14 años de uno de esos debuts, vuelvo a bailar una de esas coreografías aquí en Nueva York esta temporada. Y es curioso tener esa experiencia ahora, porque recuerdo muy bien el aprendizaje de ese periodo de ensayo con Nante Concavo, que es una leyenda del ballet. Y ahora que estoy ensayando con mis compañeros, muchas de las preguntas que yo tenía sobre cómo lo querían, ahora las tengo yo. Esos son los privilegios de haber tenido una carrera muy larga desde una edad corta, pero también de haberme expuesto a diferentes estilos y a diferentes compañías, con un repertorio muy variado.

Creo que, de los períodos profesionales, el de Ámsterdam me enseñó a ser versátil, un bailarín profesional, un bailarín principal. Tenía un maestro ahí que se llama Guión Grafán, que fue quien me ayudó a empezar a desarrollar mi gusto artístico y a confiar en él. Y eso te acompaña toda la vida.

Hay algunas cosas en este ámbito que le hacen falta a México para sostener este tipo de proyectos. ¿Qué es lo que más te gustaría que la gente entendiera del esfuerzo que hay detrás de cada función ?

 

De todo el trabajo extraordinario para poder ofrecer arte de la más alta calidad. También, tras bambalinas, todo el tema administrativo, de producción, de iluminación: son equipos de cientos de personas que le dedican su vida a que el público viva la mejor experiencia. Pocas veces se habla de ese trabajo, y de esa vocación que tienen estas personas para que tú puedas vivir un momento que muchas veces dura unos pocos minutos, pero que sea completamente inolvidable, y que tenga la posibilidad de llegar a tocarte, de llegar a cambiar tu vida, tu percepción sobre algo.

Creo que México tiene pocas oportunidades para desarrollar estas industrias, pocas posibilidades para incentivar también a los jóvenes a dedicarse a este tipo de arte. Y también, al final, todo el trabajo que se hace tanto en el salón de ballet como en el escenario solamente tiene sentido si el público está dispuesto a participar; y no solamente a venir al teatro, sino a participar como público, a entregarse al momento, a abrir su mente, a abrir sus sentimientos, a prestarse a vivir el momento como se presenta. Entonces me gustaría que esa cultura le diera menos miedo a la gente en México.

Pero tú, como bailarín, ¿cómo es para ti bailar sabiendo que quienes más amas están ahí, sosteniéndome en cada parte de este camino?

Esa ha sido la constante más importante en mi vida, la que te da certeza y tranquilidad en los momentos más difíciles. Entendemos que todo, en tu carrera, en ese momento en el escenario lo bueno, lo excelente, lo extraordinario y lo terrible pasa; y lo que te mantiene como ser humano, como creador, como persona, son esas personas que están cerca de ti, con las que compartes sueños, ideas, te conectas, y con las que finalmente sientes que compartes el mismo camino. Para mí, eso es lo más importante, y también abre una parte de ti como persona que se siente, y que te vibra de una manera muy especial cuando ves a un artista que tiene eso en su vida.

Eres tapatío, eres mexicano, eres bailarín, y pareces vivir entregado por completo a estas tres cosas a la vez. Si tuvieras que elegir una que te represente o te defina con más profundidad, ¿cuál sería?

El ser artista. Creo que esa es mi esencia. Entiendo la vida y me entiendo a mí mismo a través del arte, de los libros, de lo que siento, de lo que percibo y de mis emociones, y me he entregado a ello. Es algo que va más allá de una nacionalidad, de una idea, de un gusto; es parte del ADN, es parte de quien soy, y lo vivo todos los días, y me entrego a ello todos los días. Supongo que es eso: el arte en su totalidad.

Si despertar significa que antes había dormido, ¿qué sigues buscando despertar en ti después de tantos años, que todavía no termina de abrir los ojos por completo?

Yo creo que es algo que he vivido, que lo he visto, que lo he ejercido de cierta manera, pero que es difícil de mantener presente todo el tiempo: es esa habilidad de ejercitar, de ejecutar y de materializar lo que ves y lo que imaginas, los sueños. Es algo que me ha dado una vida extraordinaria: haberme podido sentar y diseñar un proyecto como Despertares, o una carrera en la que he estudiado y después he salido a la vida real a ejecutarlo, a buscar la manera de hacerlo. Es un superpoder que todos los seres humanos tenemos, pero que es muy difícil de alimentar, de mantener y de explicar. Entonces, eso es algo con lo que me gustaría ser más consistente, y respetarlo en su totalidad: que fuera la fuerza, o la herramienta principal en mi vida todo el tiempo. Es algo difícil de lograr.