Cómo lograr el estilo “preppy” sin morir en el intento
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Cómo lograr el estilo “preppy” sin morir en el intento
Por Alexis Tame
El estilo preppy nunca pasa de moda: camisas impecables, polos, mocasines y esa actitud effortless que mezcla elegancia universitaria con aire relajado. Hoy, una nueva generación de marcas redefine la estética clásica con cortes más limpios, colores más vivos y toques contemporáneos.

El término preppy nació en los internados norteamericanos, esas escuelas donde los herederos de la élite se preparaban para universidades tan exclusivas como costosas. Durante mucho tiempo, ser preppy no solo era una cuestión de vestirse bien: era pertenecer a un mundo. Un universo de regatas, torneos de polo y vacaciones en los Hamptons. La ropa, sacos ligeros, polos, suéteres de punto grueso. Funcionaba como un símbolo de privilegio, una mezcla entre formalidad y juventud deportiva.


Durante décadas, el estilo preppy se mantuvo casi inalterable: polos impecables, suéteres pastel y una elegancia pulida que parecía intacta sobre el paso del tiempo. Pero algo ha cambiado. En los últimos años, la estética se ha vuelto más atrevida, más libre, incluso un poco caótica. Las nuevas generaciones reinterpretan los códigos clásicos con cardigans deshilachados y guiños más atrevidos a lo que se veía siempre.
Es la era del preppy indisciplinado: más creativo, más diverso y, sobre todo, más divertido.
Con el tiempo, el preppy se liberó. La cultura hip-hop lo adoptó y resignificó: polos, sudaderas universitarias y chamarras varsity pasaron a formar parte de un nuevo lenguaje urbano. Figuras como Aaliyah o Snoop Dogg convirtieron los colores náuticos y los logos de Tommy Hilfiger en símbolos de identidad y poder. Lo que antes era exclusividad, ahora era apropiación y expresión.
Diseñadores contemporáneos como S.S. Daley están llevando el estilo a territorios inesperados. Sus tejidos combinan romanticismo inglés con rebeldía moderna: sueteres con cintas sueltas, patrones contrastantes y pantalones amplios que retoman la elegancia universitaria desde una perspectiva teatral. Por otro lado, Tremaine Emory, de Denim Tears, revisita el icónico suéter con bandera de Ralph Lauren para hablar de historia afroamericana, mientras Lacoste reinventa su legado en colaboraciones con Le Fleur de Tyler The Creator, con sus clásicos de rosa pálido y azul cielo.
El preppy del 2025 ya no responde a una fórmula. Se trata menos de un uniforme y más de una actitud. Puede inspirarse en The Talented Mr. Ripley, en Gossip Girl o en los estilismos escolares de Jonathan Anderson para Dior, pero su esencia es la misma: la mezcla entre elegancia y desenfado. No hace falta pertenecer a ningún club de golf ni tener apellido compuesto para llevarlo. Hoy, el preppy es una declaración personal: una manera de jugar con la tradición sin tomársela demasiado en serio.
En tiempos donde la moda celebra la individualidad por encima de la etiqueta, reside en su capacidad de reinventarse sin perder la compostura: mezclar un polo con un pantalón oversized, un blazer con tenis o un suéter de punto con historia propia.
Más que un código de vestimenta, el preppy es una actitud una forma de mirar hacia atrás con respeto, pero avanzar con irreverencia. Porque al final, el verdadero lujo no está en parecer heredero, sino en vestirse como uno quiere, con la confianza de quien ya no necesita permiso para romper las reglas.
Fotografías: Pinterest
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