GRAMO: herencia, visión y diseño mexicano

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GRAMO: herencia, visión y diseño mexicano
Interpretar más de cien años de historia familiar desde una mirada contemporánea no es tarea menor. Para Diego y Javier Graue, fundadores de Gramo, fue un acto de retorno y reinvención. Nacida de una tradición oftalmológica profundamente arraigada en su linaje, Gramo no es solo una marca de lentes: es una propuesta óptica que honra la excelencia clínica de sus antepasados mientras redefine el diseño visual desde una perspectiva emocional, urbana y artesanal.
Fundada por los hermanos Diego y Javier Graue; su vínculo se transformó en una sociedad que ha evolucionado durante más de una década, primero con Escópica y luego con Gramo. Cada armazón es fabricado en talleres artesanales de Japón, resultado de una búsqueda deliberada por lo bien hecho, lo duradero y lo atemporal.
La identidad de Gramo está profundamente conectada con la Ciudad de México. Cada modelo lleva el nombre de una calle, colonia o monumento emblemático, trazando un mapa afectivo que invita a recorrer la ciudad a través del diseño. Es una forma de generar pertenencia, de contar historias que resuenan con quienes habitan y transitan estos espacios.
Diego, director y guionista, aporta una visión cinematográfica que transforma cada tienda en un set de época; espacios que evocan la Ciudad de México de los años 70. Javier, psicólogo, imprime una dimensión simbólica y emocional a cada proyecto: desde los nombres de las colecciones hasta el espíritu místico que recorre la marca.
Gramo no se limita a fabricar lentes: construye objetos con permanencia. Armazones que pueden ser heredados, que acompañan la mirada cotidiana y que, con el tiempo, se convierten en parte del recuerdo.
L´BEAUTÉ HOMME Gramo nació de un legado familiar, entonces, ¿qué significó para ustedes interpretar más de 100 años de historia desde una mirada contemporánea?
Diego y Javier Graue (GRAMO): De alguna manera, fue un regreso, un retorno familiar, un proyecto que nos atravesó generacionalmente, pero muy fresco también, muy distinto y muy nuevo. Porque está la parte de esa herencia de tradición oftalmológica en particular. Pero nosotros le estamos dando un giro nuevo, que es la parte óptica y optométrica.
Entonces, es un nuevo proyecto con una influencia; heredamos mucho esa parte clínica de querer hacer una experiencia muy perfecta. O sea, que la graduación de lente sea muy buena, que la mica polarizada tenga muy buena protección; hay muchísimos productos con los cuales puedes complementar un armazón o un lente que está padrísimo, que se explora pocas veces, y es un poquito la propuesta que queremos traer también.
Y también diría que hay una responsabilidad muy grande, porque de parte de nuestros abuelos y bisabuelos; ha habido un compromiso con la excelencia académica muy importante. La excelencia clínica y académica está muy estudiada, muy comprometida con la ciencia, con el desarrollo y con la enseñanza. Entonces, de alguna manera, aunque es algo nuevo, eso nos dio un “blue sky”, como dicen, para inventar lo que fuera, o para hacer algo que fuera de altísima calidad. La barra estaba alta desde un inicio, digamos.
Sí, y cuando haces una marca de lentes, el camino que tienes que tomar es qué tipo de calidad voy a escoger. ¿Voy por el camino rápido, voy a maquila, donde ya tienen todo pre hecho, donde lo harán rápido y barato, y voy a tener mi marca con el logo impreso en un mes? ¿O voy a pensar en el concepto y voy a un lugar donde lo hagan increíble y único, como fue el caso de Japón? Optamos por esta segunda opción; como respuesta tenemos una gran responsabilidad.

¿Cómo decidieron crear una marca? ¿Cómo surgió la idea de trabajar juntos?
Se remite a nuestra infancia, compartimos cuarto desde niños, siempre hemos tenido una relación muy cercana, muy unida y muy natural en ese sentido.
Es una extensión de nuestro pensamiento y de nuestras ejecuciones; tenemos referencias y gustos similares, y en ese sentido ha sido muy fácil. Llevamos muchos años en el proyecto: nuestra entrada al mundo óptico tiene casi 14 años con Escópica, y siete años después empezamos con Gramo. Ahorita estamos con ambos proyectos, que se han ido ramificando, y seguimos juntos en eso. Ha sido una dinámica muy sencilla gracias al entendimiento paralelo que tenemos.
También, el hecho de ser hermanos ayuda a hacer conciliaciones o acuerdos reparadores. Cuando no es tu hermana o tu hermano, es más fácil decir: “ya, terminamos con esto, no está funcionando”. Pero cuando es tu hermano, lo vas a estar viendo hasta que te mueras, entonces lo haces funcionar; y eso te hace ceder. Tienes una resistencia mayor a la que tendrías en una sociedad que no fuese familiar.
¿Cómo es la dinámica laboral entre ustedes?
Varía, por procesos y por épocas, porque tenemos prácticas aparte. Javi es psicólogo y yo (Diego) soy director y guionista en otros proyectos de cine y televisión. Entonces de repente me toca a mí o a él absorber la responsabilidad completa. La parte más bonita del proyecto es la parte creativa, un proceso completamente de vaivén. Con el tiempo hemos ido buscando profesionalizarnos en esas partes que nos complementan, en la parte más administrativa y mercadológica.

¿Por qué se manufacturan los lentes en talleres artesanales de Japón?
La bien hecho de un armazón y entender de dónde son y de dónde vienen, y qué queríamos nosotros también lograr con nuestra marca, para asegurar eso con nuestros clientes. Las marcas japonesas son impecables en general. Eso también lo hace muy difícil, porque obviamente muchas marcas quieren trabajar con ellos.
Que te abran un espacio, nos costó un rato, no es fácil llegar a Japón y… a veces mis clientes son tan felices, y luego que es más caro y mucho más tardado, entonces hay que tener mucha paciencia, eso nos ha ayudado. Y la barra de lenguaje que trae, se sortea, pero también la hay. Sí, de hecho. Y bueno, justo, que todo que haya sido en Japón y que haya sido un proceso más lento,
¿Cuál ha sido, ustedes creen, que el beneficio más grande de tomar un camino auténtico para ustedes?
Poder tener una estructura sólida, un producto y una marca con un cimiento que aunque tiemble el mundo, pueda mantener el bien. Eso es lo más importante para nosotros.
Son dos cosas: primero, acercarnos a la cultura japonesa, que es fascinante. Lo que ahora sabemos después de convivir con ellos, de ir a las fábricas, de pasar tiempo allá, de tomar sake con los productores, te enamoras de la cultura japonesa. Es inevitable. Y la segunda, es que te empuja a ser, suena un poco pretencioso, pero es cierto, hacer lentes atemporales. Porque no somos una marca de fast fashion, eso nos ha forzado a pensar en piezas que trascienden modas.

Cada modelo de lente tiene nombres de calles y monumentos de la Ciudad de México. ¿Cómo escogen qué nombre ponerle?
Tenemos cuatro, digamos, familias de nombres. Los territorios, que son principalmente colonias, aunque pueden ser zonas. También están los monumentos, como Tlaloc, como Patria, etc. Luego las avenidas, Churubusco, Don Celes Reforma. Y por último tenemos uno más libre, que son serializados; sobre esa línea, es un poco arbitrario. Ahora, sí es importante decir que, con esos nombres, queremos trazar un mapa de la ciudad.
Lo puedes navegar así en la página web, en la sección de archivo, es que tú puedas ver cada parte, y que vayas haciendo como, Tlaloc, pero esto es Reforma, pero esto es… Entonces, puedes ir conociendo la ciudad, y lo que se ve es una ciudad que es la que queremos presentar. Porque ahí hay una línea común. Y procuramos que sean un legado, como que esa es una palabra clave en nuestra marca. Los nombres de las armazones también generan un sentido de identidad muy padre. Buscamos eso, que estos nombres le resuenen a la gente que puede llegar a Gramo.
¿Qué elementos trajeron de sus profesiones como director, guionista y psicólogo?
Diego es muy bueno para la parte narrativa, de crear un ambiente propicio para una experiencia muy significativa. También en el storytelling, mucho de branding, porque yo trabajé en una agencia de branding durante un tiempo. Me gusta mucho esa parte de diseñar el empaque, la experiencia y que nuestras tiendas se sientan como sets de cine. Es una cosa que insistimos mucho y que hemos traído de esa experiencia. La gente debería sentir que entró a una óptica de 1970 en la Ciudad de México. Por ejemplo, los tocadiscos, esa nostalgia ayuda mucho a la narrativa y creo que sí viene un poco de esa formación.
Por ejemplo, Javier siendo psicólogo ha bautizado los nombres de los dos proyectos principales: Escópica y Gramo. Escópica es un concepto psicoanalítico y Gramo es el acrónimo de nuestros apellidos, quizás como que de alguna manera también psicoanalítica. Javier ha traído esa mística a nuestra estética y a nuestro espíritu como compañía.
¿Qué significa para ustedes que un lente pueda ser heredado?
Es una aspiración muy importante para nosotros. El hecho de que un lente pueda ser heredado porque lo han guardado por un tiempo. La primera prueba es la temporalidad y la otra, es que tu línea familiar lo pueda agarrar y decir, “estos lentes, ahora son míos”. Es una parte muy única de nuestra marca. Hay una parte del recuerdo que generan unos lentes, mucha gente recuerda a sus seres queridos por el armazón que usaban. Entonces esa imagen se convierte en parte de su legado.
¿Qué significa que los pueda heredar? Sobre todo, los lentes te acompañan en tu visión diaria. De alguna manera estoy heredando, de una manera muy poética, pues, lo que he visto.
¿Tienen algunos elementos no negociables que sus lentes deben tener para que sean fieles a su marca y a su esencia?
¡Claro! Que no sean solo siluetas predominantes del momento. Si algo está muy de moda, siempre lo ponemos en duda. Los materiales, definitivamente: que el acetato sea Mazzucchelli, el mejor del mundo; que los metálicos sean de titanio, por el peso, por ser hipoalergénicos, etc. Todos los elementos de la armazón deben ser ultra resistentes. La calidad no es negociable.
Además, lo técnico: hay cosas que no son negociables en una armazón. Por ejemplo, las bisagras, mínimo de 4 barriles; las chafas suelen ser de uno, se abren o rompen muy fácilmente. La protección solar para la lente solar también es un no negociable. Y, por supuesto, que nos guste.

¿Cuáles son los valores clave de la marca?
Honestidad con el proceso, tener menos impacto ambiental, menos residuos. Es una marca ética, y eso es importante para nosotros. Y creatividad: procuramos que esté presente en todo. En nuestro marketing, por ejemplo, trabajamos con gente muy creativa, buenos fotógrafos y locaciones interesantes.
La campaña que tenemos actualmente la hicimos en una casa del arquitecto Max Cetto, que está en el Pedregal. Además, estamos haciendo proyectos de colaboración con cosas que nos gustan. Próximamente lanzaremos un modelo muy especial: el modelo Pedro Ramírez Vázquez, inspirado en un arquitecto que hizo obras muy icónicas. La idea es seguir creciendo en ese sentido.
¿Es el primer modelo que tienen con nombre de alguien?
Sí, lo increíble es que era paciente de mi abuelo y lo descubrimos al hacer la colaboración. Nos acercamos a la familia de Pedro Ramírez Vázquez porque nos gustaban mucho los lentes que usaba. Nos dijeron: “¿Sabían que su abuelo salvó de cataratas a mi papá?” El hijo de Pedro recordaba perfectamente el consultorio de mi abuelo. Todo estaba conectado.
¿Cómo eligieron la calle Marsella para su tienda?
Nuestra base de operaciones siempre ha estado aquí, en la parte más céntrica de la ciudad. Desde que empezamos Escópica en Colima hace 13 años, poco a poco hemos ido creciendo cerca. No estamos cerrados a crecer más lejos, pero así controlamos más las tiendas. O sea, es importante estar en zonas de alta visibilidad y nos gusta estar fuera de centros comerciales. Otro criterio importante es estar donde haya gente que tenga una sensibilidad especial al diseño. Si caminas por aquí (La Juárez), hay muchas tiendas padrísimas, extremadamente creativas y que los edificios sean patrimoniales.


¿Qué legado les gustaría dejar como empresarios y creativos mexicanos?
Yo creo que hay muchas. Nunca lo había pensado desde el punto de vista empresarial, pero cuando platicamos con Javier Ramírez Vázquez, salió un tema muy interesante que creo que tiene que ver. Hablamos del legado de él, y decía que hay que creer en los valores que tenemos como cultura en México y exponenciarlos. De eso puede salir algo increíble.
Algo que decía Javier el otro día: hacer una marca de lujo mexicana a este precio, hecha en Japón, suena contraintuitivo. Nosotros venimos de una generación en la que, de chiquitos, nos enseñaron que lo mejor es lo gringo, lo mejor es lo europeo. Y descubrimos que no, lo mejor también puede salir de aquí (México).
Entonces, ver hacia nuestra cultura para descubrir grandes proyectos y grandes productos es como el legado. Si algo es genuino y se planea desde la creatividad de una persona, puede ser exitoso. Hay nichos para todo; hay gente buscando cosas que tal vez no crees que tengan demanda, pero crear oferta también genera demanda. Y paciencia.









